Sofía empezó a llorar.
—Yo nunca quise otro papá.
Gabriel se arrodilló frente a ella.
—Y yo nunca debí hacerte sentir que podías perder al tuyo.
La adolescente lo abrazó.
No regresó a casa aquella misma tarde. Necesitaba tiempo.
Gabriel respetó su decisión.
Durante los días siguientes continuó visitándola, escuchándola y hablando con ella sin mencionar a Ricardo.
Mientras tanto, Teresa buscó una alternativa para los estudios de su nieta.
Una maestra de la secundaria le habló de un taller de artes plásticas en una casa de cultura municipal, con clases accesibles y posibilidad de solicitar una beca.
Sofía acudió a una entrevista y presentó sus dibujos.
Fue aceptada.
Cuando se lo contó a su padre, Gabriel sintió un enorme alivio.
—No es una escuela de lujo —dijo la niña—, pero los profesores son muy buenos.
—Entonces iremos a conocerlos juntos.