Quería pedirle perdón.
Hija, me equivoqué. No debí decirte que te fueras con tu tío. Te amo más que a cualquier cosa y nunca dejarás de tener un hogar conmigo. ¿Puedo visitarte mañana? Solo quiero escucharte.
Sofía leyó el mensaje varias veces.
Finalmente respondió:
Sí, papá. Pero quiero que esta vez me dejes hablar.
Al día siguiente se encontraron en el departamento de Teresa.
Gabriel llegó con las manos vacías.
—No traje regalos —dijo—. Solo vine a pedirte perdón.
Sofía permaneció sentada frente a él.
—Me hiciste sentir que tenía que escoger entre mis sueños y tú.
Gabriel tragó saliva.
—Lo sé.
—Yo no quería a Ricardo más que a ti. Solo quería aprender.
—Lo sé, hija.
—Entonces, ¿por qué me trataste como si te hubiera traicionado?
Gabriel bajó la mirada.
—Porque tuve miedo. Tu tío me quitó muchas cosas y pensé que también podía quitarme a ti. Pero ese miedo era mío. No tenía derecho a descargártelo.