Uno de los principales socios comerciales de la empresa había descubierto la controversia sobre su propiedad y solicitó aclaraciones antes de renovar un contrato importante.
Ricardo comenzó a recibir presión de sus propios asesores.
Un juicio prolongado podía afectar la continuidad de aquel negocio.
Por primera vez, su hermano menor tenía una posición desde la cual negociar sin aceptar amenazas.
Ricardo citó a Gabriel en las oficinas de la empresa.
—Te ofrezco más dinero que antes —anunció, mostrando un nuevo convenio.
Gabriel examinó la cantidad.
Era suficiente para cambiar su vida.
Podría comprar maquinaria nueva, arreglar su taller y asegurar los estudios de Sofía.
Sin embargo, el documento exigía renunciar definitivamente a cualquier participación y reclamación futura.
—Sigues intentando comprar algo que nunca debiste quitarme —respondió.
Ricardo golpeó el escritorio.
—¡Yo mantuve esta empresa durante 12 años mientras tú fabricabas mesas!