Mi propia madre me golpeó en el vientre porque me negué a darle $240,000 pesos, y caí a la alberca con ocho meses de embarazo. Mientras me hundía, mi padre gritó: “Déjenla ahí”. No dije nada cuando desperté en el hospital, pero al revisar un correo del banco descubrí algo que cambiaría para siempre el destino de toda mi familia…

Entre las hojas había algo más perturbador: una autorización para que Marta y Paula cuidaran de Inés «en caso de incapacidad temporal de la madre», con una firma que tampoco era mía. No les daba ninguna custodia legal, pero revelaba lo que pretendían hacer mientras yo estuviera hospitalizada.

Revisé la fecha impresa en el margen del documento. Lo habían preparado el viernes por la tarde, un día antes de que mi madre me golpeara.

PARTE 3

Sentí que el piso del hospital volvía a moverse. El documento no probaba que hubieran decidido arrojarme a la alberca, pero sí que mis padres habían preparado una manera de aprovechar cualquier ausencia mía. No querían ayudar a una hija enferma. Querían presentarse como sus representantes y hacerme firmar, cuando estuviera débil, lo que había rechazado estando de pie.

Ana confirmó que aquella hoja privada no podía quitarme a Inés sin intervención de un juez familiar. Pero alguien había copiado mi firma y los datos de mi identificación. Reconocí la misma fotocopia vista en la bodega.

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