—Papá dijo que me correspondía —respondió finalmente.
—Ese dinero estaba destinado a las necesidades de las dos familias. No a una casa de lujo.
—Tú tienes carrera, clientes y ahorros. Yo no tengo nada seguro.
—Tienes un esposo, un empleo y una casa. Y aun así necesitaban quitarme lo mío.
Paula apretó las flores contra el pecho.
—No sabes lo que es pasar la vida entera esperando que alguien te elija.
La miré sin comprender. Habíamos nacido el mismo día, pero parecía que habíamos vivido en hogares distintos. Cuando le pregunté si sabía que mi firma había sido falsificada, no respondió. Se marchó diciendo que no permitiría que yo dejara a sus padres en la calle.
Esa tarde el abogado de Rafael se presentó en el hospital con una propuesta: la familia pagaría los gastos no cubiertos de Inés si yo firmaba un convenio reconociendo la legitimidad de los movimientos bancarios y declaraba que mi caída había sido accidental. Rechacé recibirlo sin Ana. El hombre dejó una copia y se fue.