Casi dos años después, Marta fue sentenciada por la agresión. Rafael también recibió una sentencia por los documentos falsos y las disposiciones indebidas; parte del dinero volvió al fideicomiso. Paula aceptó su responsabilidad en los trámites y cumplió las condiciones impuestas en su proceso. Nada devolvió a Inés las semanas que pasó luchando por respirar.
Marta me mandó una última carta. Quería conocer a su nieta y decía que una familia decente resolvía sus asuntos en privado. La leí mientras Inés caminaba de un lado a otro de la sala.
Recordé las Navidades en que fingí estar contenta y las cuentas que pagué para no provocar discusiones.
No respondí a Marta. Pedí que cualquier comunicación futura llegara por los canales legales. Con Paula dejé abierta una posibilidad distinta, pequeña y lenta: que algún día pudiéramos hablar sin que ninguna exigiera a la otra olvidar lo ocurrido. No prometí encuentros entre las niñas ni fotografías de una reconciliación ejemplar.