—Y cuando salí del agua, dijiste que yo había armado un espectáculo.
No lo negó.
—No quería que papá se enojara conmigo.
Ahí estaba el centro de nuestra infancia: yo había aprendido a recibir la furia de nuestros padres; ella, a mantenerse a salvo ofreciéndome en su lugar. Entenderlo me dio tristeza, pero no me obligó a absolverla.
—Puedes contar tu versión ante la Fiscalía —le dije—. Yo no voy a cambiar la mía.
Regina nació sana dos semanas después. Sentí alivio, aunque nuestras hijas empezaban la vida separadas por decisiones ajenas. Iván se mudó con su hermana; siguió criando a Regina, pero dejó de vivir con Paula.
El proceso no se resolvió en una audiencia espectacular. Hubo entrevistas, peritajes médicos, dictámenes de firmas y meses de declaraciones contradictorias. A Marta se le formularon cargos por la agresión y a Rafael se le investigó por su participación en la intimidación, las falsificaciones y el uso indebido de recursos. Paula también tuvo que responder por los documentos que había firmado. Las investigaciones siguieron ritmos distintos. Nadie fue detenido solo porque yo lo señalara.