El dictamen sobre mi firma respaldó la denuncia: el trazo de las autorizaciones no correspondía a mis muestras verificadas. Los registros bancarios mostraron qué cuenta recibió el dinero y cuándo. La defensa de Rafael sostuvo que yo había dado permiso verbal, pero no pudo explicar por qué habían presentado documentos con mi firma imitada. Tampoco pudo explicar la autorización para entregar a Inés a mi madre, preparada antes de la fiesta.
En una audiencia, el defensor de mi madre me preguntó si consideraba posible que el golpe hubiera sido accidental. Recordé el sonido de su puño y el dolor que me había cortado la respiración.
—No me resbalé —contesté—. Mi madre me pegó porque no quise darle mi dinero.
Luego me preguntaron por mi padre.
—Lo escuché impedir que me ayudaran. Gabriel y la mesera también lo escucharon. No sé qué pretendía que pasara después. Sé lo que hizo mientras yo me hundía.