—¿Él sabe que me llamó? —pregunté.
—Le pedí que viniera y me contestó que primero debía hablar contigo. Quiero saber si estás dispuesta a convencerlo de volver. Puedo ayudarte a ascender.
Sentí que algo dentro de mí se endurecía.
—Le agradezco la intención, pero no me casé buscando un ascenso. Y no pienso utilizar a mi esposo para conseguir lo que Rodrigo intentó quitarme. Solo necesito que revisen mis contratos con imparcialidad.
Arturo me escuchó describir la transferencia irregular de los tres clientes y pidió una revisión a auditoría interna. Antes de salir, me hizo prometer que permitiría a Daniel contar su propia historia. Aquella noche lo enfrenté en su departamento. Él no trató de justificarse con su fortuna: reconoció que debió hablarme antes de la ceremonia y me pidió perdón.
—Temía que, al saber quién era mi padre, pensaras que te había tendido una trampa —admitió—. Pero ocultártelo tampoco fue justo.