—Primero me ofreciste un cheque para borrar seis años de relación —le dije—. ¿Ahora quieres comprar mi firma para borrar un fraude?
—No sabes con quién te estás metiendo —murmuró.
—Sé perfectamente qué documentos recibí y cuáles no voy a firmar.
El equipo de cumplimiento suspendió las autorizaciones mientras revisaba los archivos. Pero antes de que terminara la investigación llegó la cena anual del grupo en un hotel de Zapopan. Asistí con un vestido negro sencillo. Rodrigo, Renata y Beatriz me esperaban cerca del acceso al salón. Al verme sola, empezaron otra vez.
—¿Tu marido está estacionando los autos de los invitados? —preguntó Rodrigo.
—Tal vez hoy le den una buena propina —añadió su madre.
Preferí caminar hacia mi mesa. Entonces se apagó la música y Arturo Aguilar subió al escenario. Anunció que, por decisión del consejo, se iniciaba una nueva etapa de gobierno corporativo y que la dirección general pasaría a alguien con experiencia directa en operaciones, almacenes y transporte. La pantalla mostró el rostro de Daniel. Cuando apareció con un traje oscuro, el salón entero se puso de pie.