Cuando llegó el momento del pastel, encendí el televisor.
Primero apareció la factura de la pulsera.
Después, los pagos de 620 mil pesos.
Por último, mostré una autorización con mi supuesta firma.
Rodrigo dejó de sonreír.
—Mariana, apaga eso inmediatamente.
Me levanté, sostuve la copia del documento y dije:
—Antes de apagarlo, quiero que nos expliques algo. ¿Cómo pude firmar esto mientras estaba perdiendo a nuestro hijo en el hospital?
Mi suegro se puso de pie.
Lorena comenzó a temblar.
Y Rodrigo, por primera vez en ocho años, me miró como si acabara de descubrir que la mujer sentada frente a él ya no tenía miedo.
PARTE 3
—¡Basta de montar este espectáculo! —gritó Rodrigo, intentando arrebatarme el documento.
Lo aparté antes de que pudiera tocarlo.
—No es un espectáculo. Es una pregunta. Yo estaba hospitalizada, y tú mismo recibiste el aviso. ¿Quién autorizó este pago con mi nombre?