Mi madrastra subió al autobús que manejo a las seis de la mañana y se quedó helada al reconocerme. “No sabes en lo que te estás metiendo”, susurró mientras escondía su tarjeta. No le respondí; seguí el procedimiento. Jamás imaginé que aquella pequeña credencial, con la fotografía de mi padre, terminaría llevándome hasta 41 expedientes judiciales relacionados con el mismo abogado.

A la mañana siguiente encontramos otros cinco casos.

Seis personas habían muerto entre 2022 y 202Sin embargo, sus credenciales seguían registrando viajes hacia tres lugares: el despacho de Mauricio Valdés, una sucursal bancaria y un establecimiento donde se podían cobrar cheques.

Daniela colocó los documentos sobre su escritorio.

—Rafael, esto ya no es solamente el caso de tu padre.

—¿Qué significa?

—Que posiblemente estamos frente a una red de despojo patrimonial y fraude. Y necesitamos demostrar quién está utilizando esas tarjetas.

La investigación preliminar reveló una coincidencia inquietante.

Las cuarenta y una personas vinculadas al apartado postal habían pasado por procedimientos judiciales relacionados con la administración de sus bienes. En todos aparecía Mauricio Valdés como abogado o representante de la empresa.

Y treinta y siete resoluciones, incluida la de mi padre, llevaban la firma de la misma jueza familiar: Leonor Robles.

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