Entonces Teresa dejó caer el tenedor.
—Algún día sabrás lo que significa esperar un taxi que jamás llega.
Reconocí inmediatamente aquella frase.
La había escuchado veintiocho años antes, durante una llamada cargada de odio.
La miré fijamente.
—Tú eres la esposa de Julián, el conductor de la unidad 41.
Teresa sonrió con amargura.
—Por fin me reconoces. Tú destruiste la vida de mi esposo. Conseguí que mi yerno te dejara esperando porque quería que sufrieras lo mismo que nosotros.
Patricia se levantó horrorizada.
—¿Qué hiciste con mi papá, señora Elena?
La respuesta llevaba casi tres décadas encerrada en mi memoria.
Bajé la mirada.
—Es verdad. Yo pedí que retiraran a tu padre del servicio.
Mi nuera retrocedió como si acabara de confesar un crimen.
Pero todavía faltaba revelar por qué lo había hecho y quién me había suplicado que jamás dijera la verdadera razón.