Teresa tomó una flor que había caído del árbol y la puso en mi mano.
—Perdimos demasiado tiempo.
—Entonces no perdamos más.
Llegó marzo de 2026.
Yo ya podía caminar distancias cortas con mi bastón y, bajo supervisión, dar algunos pasos sin él.
Me propuse una meta muy especial: el 14 de marzo caminaría desde la puerta de mi casa hasta el taxi número 27.
No sabía que Teresa había preparado una sorpresa.
Aquella mañana me vestí cuidadosamente.
Cuando abrí la puerta, descubrí la calle llena de taxis blancos con los distintivos de nuestra antigua cooperativa.
Estaban don Joaquín, don Ernesto, antiguos compañeros de Ricardo y varios conductores jóvenes.
También estaba Daniel, mi fisioterapeuta.
Mauricio esperaba junto a la unidad 27.
Todos guardaron silencio cuando comencé a caminar.
Mi bastón estaba cerca, por seguridad, pero quería recorrer aquellos últimos pasos sin apoyarme en él.