Había aprendido a enfrentar su miedo.
Patricia también comenzó a cambiar.
Una noche me enseñó sus ahorros y me propuso adaptar la habitación del fondo con un baño accesible, barras de apoyo y una entrada más amplia.
—Quiero que mi mamá pueda vivir aquí con dignidad. Y quiero contribuir a esta casa sin volver a creer que algo es nuestro simplemente porque Mauricio lo diga.
Acepté pagar la mitad de las modificaciones.
También dejamos por escrito los acuerdos para vivir juntos, porque el cariño no debía convertirse nuevamente en confusión sobre la propiedad.
Teresa recuperó poco a poco el habla y parte de su movilidad.
Un día, mientras estábamos sentadas en el patio, me preguntó:
—¿Por qué permitiste que te odiara tantos años?
Pensé un momento.
—Porque respeté una promesa. Aunque ahora entiendo que aquel silencio también les hizo daño a ustedes.