«Mi hijo con síndrome de Down trabajó durante 12 años en una tienda, hasta que el gerente lo acusó de ladrón. Mi hijo lloraba y suplicaba: “¡Mamá, créeme, yo no he robado nada!”. Yo creí en su inocencia, pero cuando salió a la luz la verdad, ocurrió algo que jamás habría imaginado…»

Cuando le expliqué lo ocurrido, guardó silencio durante unos segundos.

—Señora, hay algo que debe saber —me dijo finalmente—. Yo tampoco creo que Daniel haya robado nada.

Sentí que el corazón me latía con fuerza.

—¿Por qué lo dice?

—Porque la semana pasada vi al gerente salir de la oficina con un sobre lleno de dinero. Me pareció extraño porque acababa de decirnos que las ventas habían bajado y que debíamos tener mucho cuidado con los gastos.

Laura respiró profundamente antes de continuar.

—Y hay otra cosa. El día que acusó a Daniel, pidió que nadie revisara las grabaciones de las cámaras hasta que él diera la autorización.

Aquello fue suficiente para que decidiera no quedarme de brazos cruzados.

Con la ayuda de Laura, nos pusimos en contacto con el departamento de recursos humanos de la cadena de supermercados. Presentamos una reclamación formal y exigimos que se revisaran tanto los registros de caja como las grabaciones de seguridad.

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