Había querido defender mi dignidad y terminado provocando otra tragedia.
Sin embargo, también sabía que no podía permitir que utilizaran mi culpa para inventar una historia donde Diego apareciera como un esposo perfecto.
La verdad tenía que conocerse completa.
Y empezamos por las cámaras.
Valeria solicitó formalmente que se preservaran las grabaciones originales, con sus registros de fecha y hora.
Los peritos confirmaron que el archivo no había sido manipulado.
Además, apareció una testigo inesperada.
Rosa, la mujer que llevaba doce años trabajando en la residencia Alcántara, se comunicó con mi abogada.
—Señorita Elena, yo vi cómo la señorita Karla la empujó —dijo con voz temblorosa—. Y también escuché lo que platicaron antes de la cena.
Rosa explicó que Teresa había ordenado a Karla hacerme pasar una vergüenza delante de Diego.
Según su testimonio, mi suegra había dicho: