Karla perdió buena parte de su influencia dentro de la familia y tuvo que responder a reclamaciones relacionadas con su comportamiento anterior.
Diego vendió otras inversiones para cubrir deudas y gastos médicos. Nunca recuperó completamente su antigua posición.
Yo tampoco regresé a ser la mujer que era antes de aquella boda.
Con parte de los recursos obtenidos, terminé de pagar las deudas de la papelería de mi padre.
Después tomé una decisión que cambió definitivamente mi futuro.
Fundé una asociación llamada Viento de Esperanza.
Comenzamos en una oficina pequeña de Guadalajara, ofreciendo orientación jurídica y apoyo psicológico a mujeres que atravesaban situaciones de violencia familiar.
Valeria asumió la coordinación legal.
Conseguimos alianzas con especialistas y refugios autorizados, y poco a poco ampliamos nuestros programas.
Tres años después, habíamos acompañado a cientos de mujeres en sus procesos de recuperación.