Por mucho daño que me hubiera hecho, verlo así era doloroso.
—Ya no soy el mismo —murmuró.
—Yo tampoco.
Diego bajó la cabeza.
—Mi mamá dice que estás haciendo todo esto por dinero.
—¿Y tú qué piensas?
Tardó en contestar.
—Antes pensaba igual. Ahora ya no sé.
Permanecimos en silencio.
Después me confesó algo que me dejó helada.
—Sabía que Karla quería hacerte quedar mal aquella noche. Me había dicho que iba a provocarte para demostrarle a mamá que no eras adecuada para nuestra familia.
Lo miré sin poder creerlo.
—¿Lo sabías?
Asintió lentamente.
—No pensé que todo terminara así.
Sentí las lágrimas acumulándose en mis ojos.
Durante meses había intentado comprender por qué Diego me creyó culpable tan fácilmente.
Ahora tenía la respuesta.
No se trataba simplemente de que hubiera confiado demasiado en su hermana.
Sabía que existía una provocación.