—Cuando estabas celebrando que me quedaría sin nada, tampoco quisiste saber de dónde salía el dinero.
—Estoy embarazada.
—Tu bebé no tiene ninguna culpa. Pero tú sí tienes que responder por lo que hayas firmado y por lo que sabías.
No la insulté ni la amenacé.
Le dije que buscara un abogado y colaborara con las autoridades.
Después cerré la puerta.
Tiempo más tarde, Sebastián solicitó verme.
Cuando entré al área de visitas, estaba notablemente más delgado.
Se levantó al reconocerme.
—Valeria, por favor. Perdóname.
Lloró durante varios minutos.
Me habló de nuestra juventud, del día que nos conocimos y de lo mucho que supuestamente me extrañaba.
Luego me pidió que retirara las acusaciones.
—Ya aprendí la lección. Te prometo que voy a cambiar.
Lo miré con tristeza.
—Sebastián, todavía no entiendes. No estás aquí porque yo haya dejado de quererte. Estás aquí por tus propias decisiones.