Por primera vez, el miedo apareció en sus ojos.
Sebastián fue puesto a disposición de las autoridades.
Yo me marché sin mirar atrás.
Durante los meses siguientes salieron a la luz más irregularidades.
Había utilizado empresas administradas por Camila para transferir activos y ocultar deudas. Algunas sociedades habían recibido préstamos millonarios de entidades vinculadas con mi grupo de inversiones.
Los contratos resultaron ser esenciales para reclamar judicialmente los recursos.
La residencia quedó involucrada en un procedimiento para revisar la legitimidad de su transferencia.
Camila descubrió que los negocios que Sebastián había puesto a su nombre no eran precisamente regalos.
También estaban vinculados con obligaciones financieras y operaciones bajo investigación.
Un día apareció frente a mi departamento.
—Valeria, por favor, ayúdame. No sabía nada de esas deudas.
La observé en silencio.
La mujer que me había expulsado de mi propia casa ahora me pedía comprensión.