Establece una rutina sencilla:
Cepíllate por la mañana y antes de acostarte.
Limpia suavemente la lengua.
Utiliza hilo dental al menos una vez al día.
Cambia el cepillo cuando las cerdas estén desgastadas.
No te olvides de acudir a revisiones dentales periódicas.
La constancia suele ser más útil que cepillarse con demasiada fuerza o utilizar muchos productos diferentes.
2. Bebe suficiente agua
La deshidratación puede reducir la producción de saliva y favorecer el mal aliento. Beber agua a lo largo del día ayuda a mantener la boca húmeda y facilita la eliminación de residuos.
Si despiertas con la boca seca, observa si duermes con la boca abierta o si tienes congestión nasal. Cuando el problema ocurre con frecuencia, merece la pena consultarlo.
3. Utiliza un enjuague bucal adecuado
Algunos enjuagues ayudan a reducir temporalmente el mal olor, mientras que otros contienen ingredientes que actúan sobre determinadas bacterias.