Por primera vez en meses, tuve miedo de que una verdad llegara demasiado tarde.
PARTE 3
No podía salir del penal, pero conocía los estatutos de Grupo Montiel mejor que Julián.
—Lee el artículo diecisiete —le dije a Tomás por teléfono—. Una operación superior a cincuenta millones requiere autorización de dos consejeros. Julián ya dio la suya. Le falta la segunda.
—La secretaria del consejo está con él.
—No puede falsificar la segunda firma. Llama a Gabriela, a la consejera Patricia Nájera y al director financiero. Presentaré una denuncia; deben preservar todas las solicitudes.
Seguía siendo accionista mayoritaria: mi condena no le entregaba mis acciones a Julián. Él había contado con que nadie desobedecería sus órdenes mientras yo estuviera encerrada. Pero Gabriela me había advertido años antes de que cualquier directivo podía intentar reactivar aquella plataforma. Por eso conservamos la doble autorización.