Por la mañana busqué asesoría jurídica en Tulancingo. Conté los hechos, incluida mi imprudencia. La abogada me explicó que una abuela no obtiene la custodia por tener dinero y que una falta laboral no equivale automáticamente a negligencia parental. Cualquier disputa requeriría pruebas y una resolución fundada en el bienestar de Nico.
También podía consultar un procedimiento de filiación después de la muerte de Daniel, aunque necesitaríamos documentos y posiblemente pruebas periciales. Salí con pasos concretos, no con una victoria, pero ya no estaba paralizada.
Llegué al hospital con la citación, mi reporte y una copia del permiso provisional para que Nico descansara en la oficina. Había pedido que Emilio lo dejara por escrito.
Teresa ya estaba en la oficina del director.
—La señorita expuso a un menor y a una paciente vulnerable —afirmó—. Tenemos que terminar su contrato.