—También traje las grabaciones de nuestras llamadas.
La seguridad del salón cerró las puertas a petición de Esteban. Julián intentó marcharse, pero Arturo, su propio padre, se interpuso.
—Te quedas hasta que llegue la policía.
—No puedes hacerme esto.
—Tú elegiste hacerlo delante de todos.
Renata seguía mirando a Esteban.
—¿Tú lo sabías?
Él cerró los ojos por 1 instante.
—Sí.
La respuesta dolió, pero no de la forma que Julián esperaba.
Esteban se acercó despacio.
—Tu madre estaba embarazada cuando nos reconciliamos después de una separación. Me contó la verdad antes de que nacieras. Mauricio no quería destruir su matrimonio ni el nuestro. Yo decidí registrarte como hija porque ya te esperaba como hija. No fue un favor. Fue mi elección.
—¿Y nunca pensaste que merecía saberlo?
—Todos los días. Cuando eras niña, tu madre decía que esperáramos. Cuando creciste, temí que creyeras que mi amor dependía de la sangre. Fui cobarde. Lo siento.