—Mi padre pagó ese edificio con 26 años de trabajo.
—Y después lo dejó estancado porque tenía miedo.
La crueldad fue deliberada.
Adrián sabía que atacar la memoria de su padre la debilitaba. Lo había hecho otras veces y luego la abrazaba, asegurándole que solo quería enseñarle a avanzar.
Esa vez Elena no bajó la mirada.
—¿Por qué te interesa tanto?
—Porque soy tu marido.
—¿O porque ya prometiste el inmueble a alguien?
Beatriz dio un paso hacia ella.
—Mide tus palabras.
—¿A ti te preocupa como madre o como inversionista?
El rostro de Beatriz se endureció.
Adrián agarró la carpeta.
—Nos vamos.
—¿A dónde?
—Al resort.
—Todavía no he firmado.
—Firmarás después.
Elena sabía que los agentes esperaban a pocos metros. Podía terminar la operación pronunciando la frase, pero todavía no habían revelado la estructura completa.