Debajo aparecían los nombres de Diego y Renata.
Abrí la carpeta.
Había cotizaciones, una propuesta de crédito y una simulación bancaria.
La última hoja mencionaba una garantía inmobiliaria por más de un millón de pesos.
Y en el espacio reservado para identificar la propiedad aparecía la dirección exacta del departamento que estaba a punto de regalarles.
En ese instante comprendí que mi hijo y mi nuera no solamente estaban esperando que les entregara mi casa. Ya habían decidido qué hacer con ella sin siquiera preguntarme.
Pero faltaba descubrir por qué necesitaban tanto dinero.
PARTE 3
Me senté en una silla del comedor y extendí todos los documentos sobre la mesa.
Al principio pensé que estaba interpretando mal las cosas.
Tal vez Diego y Renata simplemente estaban investigando opciones para remodelar el departamento después de que pasara a su nombre.
Pero cuanto más leía, más se me revolvía el estómago.