A través de ese expediente registraron supuestos consentimientos para gestación por terceros.
El contrato fechado el 12 de enero había sido generado cuando yo ni siquiera había recibido la primera consulta de aquel tratamiento.
Después, cuando se crearon los embriones con mis óvulos y el esperma de Rodrigo, el médico modificó sus referencias dentro del sistema.
Los registros visibles los presentaban como embriones correspondientes a otras familias.
Los originales, conservados en una copia de respaldo, mostraban su verdadera procedencia.
—Entonces nunca fueron hijos de esas mujeres —dije.
—La documentación recuperada indica que no. Se realizarán pruebas genéticas para confirmarlo.
Me cubrí el rostro.
No podía comprender cómo Rodrigo había sido capaz de acariciar mi vientre todas las noches sabiendo que planeaba separar a nuestros hijos de mí.
Pero todavía faltaba entender algo.
—¿Por qué quería quitármelos? Podía haberles robado el dinero y desaparecer.