Estaba embarazada de 6 meses de trillizos cuando escuché a mi esposo reírse y decir: “Ella solo sirve para llevarlos en el vientre”. Acababa de descubrir que había prometido entregar a mis 3 bebés a familias diferentes. No entré a enfrentarlo; fui al hospital y exigí todos mis expedientes médicos. Horas después, apareció con un formulario de consentimiento que llevaba mi firma… pero la fecha era de antes de que siquiera nos conociéramos.

El investigador intercambió una mirada con Lucía.

—Encontramos comunicaciones donde su esposo planeaba utilizar los contratos para impedir que usted reclamara la custodia. Parece que pensaba aprovechar las entregas para justificar los pagos y evitar que las familias descubrieran el engaño.

Lucía agregó:

—También estaba preparando documentos para sostener que tú habías aceptado todo voluntariamente. Si te negabas, pretendía presentarte como una persona que había cambiado de opinión después de recibir los beneficios del tratamiento.

Recordé las ocasiones en que Rodrigo me había pedido que dejara de trabajar.

Había insistido en que una gestación de alto riesgo requería tranquilidad absoluta.

Yo había renunciado temporalmente a mi empleo como diseñadora de interiores.

Él pagaba la clínica, los medicamentos y casi todos los gastos de la casa.

Entonces comprendí que mi dependencia económica no había sido una casualidad.

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