Lucía había enviado un mensaje.
«Tenemos pruebas suficientes para presentar una denuncia penal por las firmas falsificadas y la manipulación de expedientes. La clínica ya recibió requerimientos para preservar toda la documentación».
Me quedé mirando aquellas palabras.
Durante 6 meses había creído que Rodrigo compartía conmigo el sueño más importante de mi vida.
Ahora descubríamos que había convertido ese sueño en una operación cuidadosamente preparada.
Dos días después, Lucía llegó acompañada de un investigador de la Fiscalía de la Ciudad de México.
Me explicó que habían solicitado información sobre los pagos recibidos por Rodrigo y los documentos utilizados para justificar los supuestos convenios.
La primera transferencia importante provenía de una mujer llamada Renata Velasco.
Renata había pagado 950,000 pesos convencida de que uno de los embriones contenía su material genético.