Incluso les había enviado una ecografía.
La misma imagen que Rodrigo me había mostrado como prueba de que uno de nuestros hijos estaba sano.
Teresa lloró durante la videollamada.
—Nos dijo que usted había aceptado ayudarnos. Pagamos 680,000 pesos entre gastos médicos y honorarios.
—Yo nunca supe que ustedes existían —respondí.
Lucía encontró algo todavía más grave.
Según los documentos originales del laboratorio, los 3 embriones transferidos habían sido creados con mis óvulos y el esperma de Rodrigo.
No existía evidencia de que se hubiera utilizado material genético de las otras mujeres.
Las supuestas familias receptoras también habían sido engañadas.
Pero había otro problema.
En el inventario de la clínica aparecían 3 embriones adicionales, creados durante nuestro tratamiento, cuyo destino no podía confirmarse.
Esa noche comenzaron contracciones más fuertes.
Los médicos intentaron retrasar el parto.