La investigación penal continuó por separado.
No hubo una solución mágica.
Hubo declaraciones, documentos, citas judiciales y días en los que sentía que nunca terminaría.
Pero mis hijos comenzaron a mejorar.
Después de varias semanas, el primero dejó de necesitar apoyo respiratorio.
La segunda empezó a alimentarse sin ayuda de una sonda.
Y una mañana, una enfermera anunció que la tercera había pasado toda la noche sin los episodios que tanto nos preocupaban.
Casi 3 meses después del parto, los médicos finalmente autorizaron que los 3 regresaran a casa.
Mariana había preparado la habitación.
Las cunas seguían siendo blancas.
Pero retiró las decoraciones que Rodrigo había escogido.
En una pared colocó 3 cuadros pintados por ella: un amanecer, un árbol de raíces profundas y un cielo lleno de estrellas.
Sobre una de las cunas descansaba la manta amarilla de Daniela.