Aquella tarde, mientras acomodábamos a los niños, Mariana me preguntó:
—¿Ya decidiste cómo vas a llamarlos?
Asentí.
Había pasado meses pensando en sus nombres.
No quería elegirlos por lo que Rodrigo nos había hecho.
Quería que representaran la vida que les esperaba.
—Mateo, Lucía y Esperanza.
Mi hermana sonrió.
—Son hermosos.
—Mateo porque significa regalo. Lucía porque quiero que siempre encuentren luz. Y Esperanza porque fue lo último que me quedó cuando creí que lo había perdido todo.
Mariana me abrazó sin decir nada.
Pasaron varios meses.
Volví a trabajar poco a poco desde casa.
No fue sencillo sostener a 3 bebés, coordinar consultas médicas y reconstruir mis ingresos.
Pero Mariana estuvo conmigo.
También recibí apoyo de personas que nunca imaginé conocer.
Teresa enviaba ropa de bebé.
Renata preguntaba por los avances médicos.
Camila colaboró con documentos adicionales para la investigación.