Había 3 estrellas bordadas en una esquina.
—Daniela murió a los 27 años —continuó—. Rodrigo nos aseguró que ella había dejado material genético para tener un hijo. Nos dijo que usted sabía todo y que quería ayudarnos.
Manuel bajó la cabeza.
—Debimos comprobarlo.
No supe qué responder.
Yo había perdido la confianza en mi esposo.
Ellos habían sido obligados a revivir la pérdida de su hija mediante una esperanza inventada.
—No tienen que disculparse conmigo por haber querido recordar a Daniela —les dije finalmente—. Rodrigo nos engañó a todos.
Teresa comenzó a llorar.
Antes de marcharse dejó la manta sobre una silla.
—Si usted quiere, nos gustaría que uno de sus hijos la tuviera. No porque nos pertenezca, sino porque Daniela siempre decía que los niños debían crecer rodeados de cariño.
Acepté.
También conocí a Renata y Camila.