Estaba embarazada de 6 meses de trillizos cuando escuché a mi esposo reírse y decir: “Ella solo sirve para llevarlos en el vientre”. Acababa de descubrir que había prometido entregar a mis 3 bebés a familias diferentes. No entré a enfrentarlo; fui al hospital y exigí todos mis expedientes médicos. Horas después, apareció con un formulario de consentimiento que llevaba mi firma… pero la fecha era de antes de que siquiera nos conociéramos.

Y ahora existía una prueba independiente que destruía su mentira.

También descubrimos qué había ocurrido con los otros 3 embriones.

Las autoridades localizaron registros de su traslado a un depósito de material biológico administrado por un tercero.

El traslado se había realizado sin una autorización válida de mi parte.

Se ordenó preservarlos mientras se resolvía su situación.

Lucía me explicó que no debía tomar ninguna decisión sobre ellos mientras estuviera recuperándome.

Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, alguien me dijo que tenía derecho a decidir sin presión.

Un mes después conocí personalmente a Teresa y Manuel Cárdenas.

Llegaron al hospital acompañados por Lucía.

Teresa llevaba una pequeña manta amarilla.

Tenía las manos temblorosas.

—La tejimos pensando que sería para nuestro nieto —dijo.

Miré la manta.

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