espués De Cumplir Una Condena De Prisión Por El Error De Otra Persona, Un Cirujano Se Marchó A La Taiga. Una Noche, Alguien Dejó Un Saco Frente A Su Cabaña. ¡Cuando Lo Abrió, Se Quedó Paralizado De Asombro!

—Soy su padre legal —replicó, agitando el acta.

—Y yo soy quien la encontró —contesté—. Explíquenos por qué apareció con una herida infectada, dentro de un costal, en mi domicilio.

Su abogado le tocó el brazo. Octavio se quedó mirando la puerta. Por primera vez desde que lo conocía, parecía no encontrar una respuesta preparada. No confesó nada. Dijo que era víctima de una campaña de desprestigio y que denunciaría al hospital por impedirle ver a su hija.

La Procuraduría de Protección intervino y solicitó medidas para impedir que Alma fuera trasladada sin autorización. La prueba genética tampoco borraba de golpe su acta de nacimiento. Aunque fuera su padre biológico, tendría que acudir al juzgado para proteger mis derechos y, sobre todo, los suyos.

Esa noche busqué a Lucía en el patio. Tenía una bolsa con ropa de Alma y el semblante de alguien que llevaba demasiados días sin dormir.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *