Me explicó que había rentado el departamento desde septiembre de 2023. En julio de 2024 apareció humedad en la cocina; avisó y envió fotografías. La reparación nunca llegó a tiempo. En agosto acordaron terminar el contrato porque la cocina ya no podía utilizarse normalmente. Ese mismo mes, Cristina perdió su empleo administrativo. Sin comprobantes recientes de ingresos y sin su depósito, encontrar otra vivienda se volvió casi imposible.
—Yo no me niego a pagar lo que rompa —aclaró—. Solo quiero saber qué rompí.
Sacó su celular y me enseñó mensajes fechados en julio.
«Ya llamé al plomero. Espérate a que te confirme cuándo puede ir», había escrito Beatriz.
Después aparecían otras preguntas de Cristina, cada vez más preocupadas. No había insultos ni negativas a permitir el acceso. Mi esposa simplemente le seguía diciendo que esperara.
Regresé a casa con esas fechas apuntadas.