—¿Entonces ya no somos familia?
—Somos familia. Eso fue lo que hizo más grave lo que pasó.
Se fue sin abrazarme. Esta vez no cedí.
En marzo, las autoridades documentaron indicios de negligencia y aprovechamiento económico. Los procedimientos seguían abiertos. Algunos familiares pidieron perdón; otros preguntaron por el dinero. Ernesto eligió a quién responder.
Un domingo, Iván llamó desde su propio número, no desde el teléfono de Brenda. Preguntó si podía llevar a Tomás a saludar. Mi abuelo tardó en responder.
—El niño puede venir. Tú también, si respetas lo que te voy a decir: aquí nadie me manda a la cochera, nadie usa mi tarjeta y nadie trae extraños sin preguntarme.
Iván aceptó. Llegó con su hijo, sin Brenda. No hablamos del juicio delante del pequeño. Tomás abrazó al bisabuelo y le preguntó si todavía conservaba las llaves para ajustar los rayos de una bicicleta.