Una tarde quiso preparar café y derramó parte del agua. Corrí a quitarle la jarra, pero me señaló la mesa.
—Ayúdame a secar, no a prohibirme vivir.
Me avergoncé. En el hospital estaba acostumbrada a prevenir riesgos; en casa tenía que aprender a acompañar decisiones.
El abogado inició una reclamación civil por el uso de la casa. Los registros obtenidos legalmente mostraron más de cien mil pesos en depósitos de hospedaje a Brenda desde octubre. Las cantidades reclamables y la denuncia por maltrato seguían pendientes.
Brenda me escribió una vez. Dijo que estaba dispuesta a cancelar los anuncios si yo convencía al abuelo de retirar todo, porque una familia no debería destruirse por dinero. Le mostré el mensaje a Ernesto.
—Qué generosa —murmuró—. Ahora me ofrece dejar de rentar mi propia cama.
Ernesto decidió continuar las acciones sin difundir detalles. Tomás había dejado de llamar por miedo a sus padres.