—No llores todavía, tía. Me faltan un montón.
La Procuraduría de Protección respaldó su estancia provisional conmigo, después de revisar mi domicilio y escucharla. Seguía en rehabilitación y usaba silla de ruedas para trayectos largos.
A principios de abril supimos que Esteban iría a la casa con una asesora inmobiliaria. La Fiscalía conocía la visita. Decidí acudir con Mercedes, pero le dije a Inés que no pensaba exponerla.
—Esa casa también es mía —respondió—. Quiero verla. Quiero que sepa que estoy viva.
La psicóloga y la autoridad de protección evaluaron su petición. Autorizaron una visita breve, acompañada y con opción de salir de inmediato. Inés eligió esperar en la sala.
Llegamos temprano. Mercedes abrió las ventanas y yo encendí primero la luz de la cocina, después la de la sala. Inés encontró un recetario de Marina y pidió guardarlo.