En febrero declaré ante la Fiscalía y entregué mis notas de la primera visita. Mercedes ratificó lo que vio al encontrar a Inés y habló de las amenazas que había recibido. Inés participó en una entrevista especializada, con acompañamiento psicológico. La escucharon una sola vez, en condiciones apropiadas para su edad, y su declaración quedó incorporada a la investigación.
—¿Crees que Esteban me odiaba?
—No sé qué sentía. Sé lo que hizo. Y nada de lo que hiciste tú justificaba tratarte así.
—Yo pensaba que si lograba caminar, dejaría de enojarse.
—Caminar o no caminar nunca debió decidir cuánto cuidado merecías.
Inés empezó a decidir qué ropa usar para terapia, cuándo hablar de su madre y a quién recibir. Protegerla no podía significar quitarle la voz.
En marzo, con dos barras paralelas y un fisioterapeuta a su lado, dio su primer paso sostenido. Después dio otro. Terminó exhausta, enojada porque yo tenía los ojos llenos de lágrimas.