No era una prueba aislada de sus intenciones, pero sí explicaba la urgencia por mantenerla encerrada. La caja azul que Inés recordaba apareció entre objetos recuperados de la vivienda urbana mediante una diligencia autorizada. Contenía un medicamento sedante prescrito a nombre de Esteban, no de Inés. La Fiscalía pidió los registros de compra y peritajes sobre la documentación alterada. Esos datos, junto con la valoración clínica y el relato de la menor, permitieron formular una acusación sustentada, no una simple sospecha mía.
La Fiscalía obtuvo mensajes que Esteban había enviado a una inmobiliaria preguntando por anticipos y cierres rápidos. Aún no sabíamos qué pretendía al dejar a Inés aislada, pero sí que seguía buscando dinero mediante sus propiedades.
Era posible que la evaluación independiente hubiera precipitado el abandono; también que Esteban creyera que la niña moriría. Las autoridades tendrían que establecerlo con pruebas.