Durante 7 meses, la suegra y la cuñada explotaron a la empleada y prepararon pruebas falsas para acusarla de robo; pero una transferencia enviada por una mujer “muerta” cambió para siempre la identidad del esposo

Lourdes no la perdonó aquel día.

—El miedo explica lo que hiciste. No lo borra.

Adriana aceptó esas palabras. Entregó documentos, declaró contra Ofelia y pagó los gastos para trasladar los restos de Celia a la tumba familiar. No pidió agradecimiento.

Mientras tanto, el fraude de Lavandería Imperial creció con cada declaración. Se localizaron 18 prendas no devueltas, 9 depósitos cobrados por servicios inconclusos y 7 objetos de valor guardados por Patricia.

Algunas clientas aceptaron la restitución. Otras presentaron denuncias.

Patricia aseguró que Ofelia había diseñado el negocio y la manipulación contra Rosa. Las grabaciones demostraron que ambas participaron. Para evitar un proceso más largo, Patricia reconoció el abuso laboral, devolvió las pertenencias y aceptó vender su automóvil para compensar a las clientas.

También firmó un acuerdo que le prohibía acercarse a Rosa, Emiliano, Claudia y Rodrigo.

Ofelia se negó durante semanas a reconocer responsabilidad. Insistía en que Rosa exageraba, Patricia era inmadura y Adriana pretendía destruirla.

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