Rodrigo pasó ambas manos por su rostro.
—Nunca escribí eso.
—Ahora lo sé.
No hubo abrazo inmediato. Demasiados años separaban a la madre del hijo. Rodrigo sentía dolor, rabia y una ternura desconocida que todavía no sabía dónde colocar.
—Necesito una prueba de ADN —dijo finalmente—. No porque quiera humillarte. Necesito una verdad que nadie pueda volver a cambiar.
—La tendrás.
Adriana aceptó sin ofenderse.
El resultado confirmó la maternidad con una probabilidad superior a 99.99%.
La investigación sobre Celia fue más dolorosa. Las autoridades localizaron a su hermana, Lourdes, quien durante 12 años creyó que Celia había huido para evitar deudas. Nadie le informó que había un cuerpo sin identificar relacionado con el accidente.
Cuando recibió la verdad, Lourdes lloró de rabia.
—Mi madre murió esperando que Celia regresara.
Adriana pidió verla.
—Yo debí salir de mi escondite —dijo—. Tuve miedo y permití que otra familia pagara por mí.