Durante 7 meses, la suegra y la cuñada explotaron a la empleada y prepararon pruebas falsas para acusarla de robo; pero una transferencia enviada por una mujer “muerta” cambió para siempre la identidad del esposo

—Tu abuelo se encargó de todo. Yo solo quería mantenerte conmigo.

—No me mantuviste contigo. Me robaste de mi madre.

Ofelia se levantó.

—¡Yo te crie! Estuve cuando te enfermabas, pagué tus escuelas, te di una familia respetable.

—Me diste una historia falsa.

El abogado pidió que nadie destruyera documentos ni abandonara la ciudad sin informar a las autoridades. La confesión implicaba falsificación, ocultamiento de identidad y posiblemente delitos relacionados con la muerte de una persona mal identificada.

Ofelia quiso retractarse.

—Estaba alterada. No sé lo que dije.

Claudia señaló la grabadora.

—Lo dijo con absoluta claridad.

Rodrigo miró el depósito.

—¿Dónde está Adriana?

Ofelia negó con la cabeza.

—No la he visto en años.

Patricia volvió la pantalla de su teléfono hacia ellos. Había encontrado una transferencia más reciente. En la referencia aparecía una dirección de Azcapotzalco y el nombre “Taller La Golondrina”.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *