—La renta del taller se paga cada mes —dijo—. Mamá debe saber dónde está.
Ofelia lanzó una mirada de odio hacia su hija.
—Cállate.
—Me utilizaste —respondió Patricia—. Dijiste que la cuenta era tuya, que Rodrigo nunca revisaría nada y que el negocio nos sacaría de deudas. Ahora descubro que también mentiste sobre quién era nuestra familia.
Ofelia perdió el control.
—¡Todo lo hice para protegerlos!
—No —dijo Claudia—. Los secretos que protegen a alguien no necesitan víctimas amenazadas, trabajadoras explotadas ni cadáveres con nombres falsos.
La representante del Ministerio Público entró minutos después. Documentó las joyas, las prendas retenidas y la declaración sobre Adriana. Ofelia y Patricia fueron trasladadas para rendir testimonios separados.
Antes de salir, Ofelia se volvió hacia Rodrigo.
—Cuando sepas lo que tu madre hizo, regresarás conmigo.
Rodrigo no respondió.
Aquella misma noche, Claudia y él fueron al domicilio indicado en las transferencias. Encontraron un taller de costura escondido detrás de una papelería. Las luces estaban encendidas.