Rodrigo recordó fotografías familiares donde Adriana siempre aparecía cerca, pero nunca abrazándolo. Recordó regalos de cumpleaños sin remitente, llamadas que se cortaban cuando él contestaba y una mujer que lloró durante su graduación de secundaria antes de marcharse sin despedirse.
—Cuando cumplí 17, dijiste que murió.
Ofelia se frotó las manos.
—Había descubierto documentos sobre unas propiedades de tu abuelo. Amenazó con denunciar el cambio de identidad y reclamarte legalmente. Después ocurrió el accidente de una trabajadora de su taller. El vehículo se incendió y los documentos de Adriana quedaron dentro.
—¿Pusieron sus documentos allí?
—Yo no estuve presente.
—Pero sabías que estaba viva.
Ofelia guardó silencio.
Patricia parecía tan horrorizada como Rodrigo.
—Mamá, tú nos llevaste al funeral.
—Era necesario cerrar el asunto.
—Enterramos a otra persona con el nombre de Adriana —dijo Rodrigo—. Dejaron que la familia de esa trabajadora creyera que nunca encontraron su cuerpo.