—Tu tía no murió en aquel accidente —admitió—. La mujer que enterramos no era Adriana.
Rodrigo quedó inmóvil.
—¿Quién era?
Ofelia apretó los labios.
—Una trabajadora de su taller.
El silencio se volvió insoportable.
—¿Por qué hicieron pasar a otra mujer por ella? —preguntó Claudia.
Ofelia miró directamente a Rodrigo.
—Porque Adriana era tu verdadera madre.
PARTE 3
Rodrigo no reaccionó de inmediato. Permaneció de pie junto a la mesa, con el estado de cuenta entre los dedos, como si aquellas palabras hubieran borrado el suelo bajo sus zapatos.
—Repítelo.
Ofelia bajó la mirada.
—Adriana te dio a luz cuando tenía 19 años. Yo no podía tener hijos y tu abuelo consideraba que un embarazo sin matrimonio era una vergüenza. Decidimos registrarte como mío.
—¿Decidimos?
—Tu abuelo, Adriana y yo.
—¿Adriana aceptó desaparecer de mi vida?
—Al principio creyó que podría verte. Después comenzó a exigir que dijéramos la verdad. Quería llevarte con ella.