—Mamá dijo que podíamos quedarnos con las cosas si las clientas tardaban demasiado en reclamar.
Rodrigo retrocedió como si hubiera recibido un golpe.
—No digas tonterías —ordenó Ofelia.
—¡Tú llevabas las cuentas! —gritó Patricia—. ¡Tú vendiste el reloj de diamantes!
El abogado encendió la grabadora.
Claudia creyó que esa confesión era el peor secreto de la tarde.
Entonces Rodrigo colocó sobre la mesa el depósito enviado por Adriana Salvatierra.
Ofelia dejó de llorar.
Su expresión cambió por completo.
—¿Dónde encontraste eso?
—En mi cuenta —respondió Rodrigo—. ¿Por qué una mujer muerta hace 12 años te está pagando renta por un taller?
Patricia miró a su madre.
—¿Adriana está viva?
Ofelia intentó arrebatarle el documento, pero Rodrigo lo retiró.
—Contesta.
—No entiendes lo que ocurrió.
—Entonces explícalo.
Ofelia observó al abogado, a Verónica y a Claudia. Comprendió que ya no podía controlar la historia.