Durante 7 meses, la suegra y la cuñada explotaron a la empleada y prepararon pruebas falsas para acusarla de robo; pero una transferencia enviada por una mujer “muerta” cambió para siempre la identidad del esposo

—No tienes derecho a traer extraños —reclamó Ofelia.

—Ella no es una extraña —respondió Claudia—. Es una de las personas que ustedes engañaron.

Verónica señaló la pantalla.

—Ese relicario es mío.

Patricia tomó su bolso.

—Me voy.

—Puedes irte —dijo el abogado—. Pero quedará asentado que abandonaste una reunión donde se te solicitó devolver propiedad ajena.

Patricia volvió a sentarse.

Ofelia miró a Rodrigo con los ojos húmedos.

—¿Vas a elegir a una criada y a desconocidos sobre tu madre?

Rodrigo sostuvo su mirada.

—Estoy eligiendo la verdad sobre ustedes.

—Te di la vida.

—Y durante años utilizaste esa frase para obligarme a pagar las deudas de Patricia, cancelar planes con mi esposa y aceptar cada abuso. Eso no te da derecho a destruir a otras personas.

Ofelia comenzó a llorar.

Rodrigo no se acercó.

Claudia sacó una segunda carpeta. Contenía una exigencia formal para conservar mensajes, devolver prendas, identificar a todas las clientas y dejar de contactar a Rosa.

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